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Introducción a la propuesta


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2011 / 03 / 07

Esta presentación se hace motivada por la preocupación expresada por algunas personas, entre ellas varias de las que han instigado esta iniciativa, sobre la situación económica y social de nuestro país y el convencimiento de que la acción civil de los ciudadanos asociados libremente no tan sólo puede ayudar a encontrar soluciones a este problema sino que es nuestro deber, como personas cívicas dispuestas no sólo a devolver parte de lo que han recibido de la sociedad, sino también a contribuir a su desarrollo como parte responsable de la comunidad en la que nos sentimos integrados. Esta iniciativa se sustenta en varios supuestos: que existe un problema del cual nos sentimos en parte responsables, que creemos tener la capacidad y voluntad de contribuir a solucionarlo, que esta contribución se realiza como personas que libremente se comprometen con el proyecto, que somos capaces de encontrar acuerdos entre los participantes por encima de cualquier diferencia ideológica, religiosa, o de cualquier otra circunstancia personal que no afecte a las actividades que esta iniciativa conlleve.

El ámbito al que está dirigido es el de Asturias, por razones de tipo práctico sin que esto suponga negar que Asturias, que está constituida por una comunidad de personas con una fuerte identidad tanto cultural como histórica, forma parte de una realidad compleja como es España, que la incluye, con la cual nos sentimos así mismo comprometidos como parte orgullosamente integrada en ella. Aspiramos a que nuestras acciones contribuyan también a encontrar soluciones que puedan ser válidas para otras regiones, y servir como ejemplo de otras iniciativas similares. En este contexto se ha de entender que cualquier actividad que se realice con la intención de fomentar, celebrar o promover las tradiciones, peculiaridades o lengua asturianas, se realiza con actitud positiva y generosa hacia los demás pueblos y regiones de España y resto del mundo, y jamás se deben de entender como inspiradas en programa político de tipo alguno.

Considerando que estas inquietudes que nos llevan a iniciar estas acciones están provocadas por la situación actual de crisis económica, parece razonable hacer un repaso de algunas ideas relacionadas con la economía que nos puedan ayudar a encontrar un diagnóstico adecuado y determinar, así en qué áreas es mejor concentrar nuestro esfuerzo. Es evidente que estas consideraciones surgen de mi interpretación particular, tanto de la realidad tal como yo la observo como de las lecturas que han influido en formar las opiniones que expreso en el presente escrito, que como tales interpretaciones están sujetas a error y las someto a la consideración de quienes quieran aportar puntos de vista distintos. En todo caso espero que sirvan de material para la reflexión, que anime a iniciar las iniciativas que se aborden en un marco donde se les dote de consistencia, que ofrezca un método para valorar su eficacia y extraer de sus resultados conclusiones que ayuden a mejorar ese marco.

Este tipo de análisis deberían realizarse con una actitud lo más aséptica y distante que el ánimo permita, tratando de evitar explicaciones maniqueas. Con excesiva frecuencia, ante un problema social, político o económico se aplica el fácil recurso de culpar a alguien, una persona concreta o un grupo, bien sea político, económico o social, a veces de carácter bastante abstracto y difícil de identificar con un grupo concreto de personas. Así muchas veces es fácil achacar las dificultades económicas y políticas a la corrupción, que siempre suele ser un problema ajeno a quien propone esa teoría, sin tratar de dar razones para explicar por qué se produce ese problema, sugiriendo implícita o explícitamente que existen dos clases de personas, los honestos y los corruptos, que lo son bien por naturaleza o por educación, y si se encontrara un método para identificar a las personas que son corruptos y aislarlas de manera que no pudieran tener influencia alguna en la sociedad, todos los problemas se resolverían solos. La realidad suele ser más compleja y este tipo de maniqueísmo pocas veces ayuda a estos propósitos. Por supuesto que debe de reprimirse la corrupción, tanto por la vía social como legal, pero si se dan las condiciones que favorecen la aparición de este fenómeno, aparecerá una y otra vez. Una de las razones del éxito evolutivo de la especie humana es la capacidad de organización social, y en el centro de esa capacidad está la capacidad de cualquier grupo humano lo suficientemente grande de producir individuos con inclinaciones y comportamientos distintos en respuesta a las condiciones del entorno. Así, mientras sea relativamente fácil, o más favorable desde punto de vista de la ley del mínimo esfuerzo, buscar la adquisición de ingresos mediante medios improductivos, y los métodos corruptos no es más que uno de ellos, sobre la búsqueda de esos mismos ingresos mediante la creación o participación de actividades de naturaleza distinta, siempre nos encontraremos con repetidos casos de corrupción por mucho que nos rasguemos las vestiduras cada vez que nos enteramos de ellos.

El problema que se pretende analizar aquí es en gran medida independiente de cualquier discusión ideológica en el contexto en el que nos encontramos. Existe un consenso generalizado, fundamentado en la sustancial cantidad de experiencia acumulada en este punto de la historia, en torno a la idea de que una economía próspera debe de basarse en el principio de la propiedad privada y la libre iniciativa empresarial. Este consenso reduce la discusión entre las opciones de derecha o izquierda a una discusión sobre el nivel de los beneficios sociales a los que se considera que los ciudadanos tienen derecho. Esta discusión depende del lugar geográfico donde tenga lugar. Mientras que en Europa las fuerzas políticas de derechas no ponen en duda el derecho de los ciudadanos a contar con servicios sanitarios gratuitos en el momento de ser administrados, es, en EEUU, una propuesta, en una versión más limitada que aquí, y considerada por muchos como una política marcadamente de izquierdas. Lo mismo se podría decir de muchos otros servicios que ni siquiera son universalmente considerados como derechos sociales aun dentro de los países de la UE, como el acceso a la educación superior, como es el caso de Gran Bretaña donde un gobierno laborista lideró la introducción de altos costes de matrícula y abolió la gratuidad universal de la educación universitaria. Lo que sigue siendo cierto es que cualquier tipo de políticas, sean estas de derechas o de izquierdas, necesitan para su implementación una economía que funcione de forma sostenible, que es el problema que nos ocupa. Sin este requisito, cualquier sociedad se verá incapacitada para ofrecer de forma eficaz, no ya los servicios sociales que considere legítimos, sino tampoco aprobar y hacer cumplir sus leyes o defender la independencia de su territorio.